Estamos hasta el cuello

hasta el cuello

Gran Vía, Madrid (Oct. 2015)

Aquí estamos, hasta el cuello de mierda, podríamos decir; o sea de falsedad, ansias enfermas y pillaje. Puede que se me olvide algunas mañanas de sol…, pero siempre es fácil recordarlo viendo las noticias o paseando a orillas de este mezquino río de fango. Indígnate, pero sin descuidar tu propia rapiña, tu pequeño fraude disimulado. Ya llega la primavera y saltaremos de bar en bar, felices con nuestra mente anestesiada, manchando las aceras de vómito y de verdades hechas a medida, reinventadas para la tertulia televisiva y el retuit. Compra un nuevo smartphone o fóllate al marido de otra. O cómete los mocos en un banco de alimentos, ¿a quién le importa? Día tras día me paseo por este decorado de plástico y cartón piedra, con purpurina a la moda y political correctness. Y te digo: ¡baila la danza eterna de la mercancía! Jesús te espera en el Corte Inglés. Total, si la vida son dos días…

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La fuerza unificadora de la historia

La columna vertebral está formada por el profundo deseo y por los esfuerzos del protagonista por restaurar el equilibrio en su vida. Se trata de la fuerza unificadora primaria que mantiene unidos el resto de los elementos narrativos. (…) La columna vertebral de cada película de Bond, por ejemplo, se podría definir como ‘vencer al archivillano’. James (…) quiere, y solo quiere, salvar al mundo. Como fuerza unificadora de la historia no se puede cambiar su búsqueda de ese objetivo consciente. Si dijera: “Al diablo con el doctor No. Ya me he aburrido del espionaje y me iré al sur a jugar al golf y mejorar mi handicap”, la película quedaría destruida.

(El Guión, Robert McKee)

Suena bien, ¿no será justamente eso lo que queremos hacer?

El mismo y distinto

Creo que mañana hará 26 años que llegué a Madrid. Es bien curioso ser uno el mismo y distinto 26 años después, y pasearse por esas calles que son también las mismas y distintas. Es raro de verdad el hecho de ser el mismo y distinto a la vez, ¿no?

Y también me choca pensar que muchísimos de los que se pasean por estas calles, no habían nacido siquiera la primera vez que yo las pisé, cuando era ya el que soy (aunque distinto…)

Soledad de los domingos

En los parques atestados
de pequeños supermanes
comen pipas en silencio
las parejas o murmuran
ciertas frases adecuadas.

Por las grandes avenidas
se pasean las mujeres
y los hombres de la mano:
pensativos van gestando
el embrión de su desdicha.

Al salir del multicine
corre un aire destemplado;
me abotono la chaqueta
pero el cuerpo se me encoge
ante el lunes inminente.

Soledad de los domingos,
soledad ventosa del cielo
añil sobre las farolas.

Soledad de los domingos
especialmente
en otoño.

 

(2010)

Ilustración: Gran Vía, Nemesio B. Balsera (Fragmento)

Poder: los que mandan y los que obedecen

Nos indignan, con motivo, algunas formas de usar el poder. Solo decir que la estructura jerárquica de la sociedad hay que verla y entenderla en su continuidad invariable desde Adan y Eva (véanse la antropología y la dinámica de grupos). La historia nos muestra la infinita variedad de formas que ha revestido esa jerarquía inamovible, la pluralidad de discursos justificativos, los intentos siempre fallidos de superar este estadio natural (animal) del ser humano.

Es como convencer a los orangutanes de que razonen solo un poquito más, se organicen, y dejen de pelearse por la comida, por las hembras, por el territorio. Parece fácil pero ese saltito la humanidad no lo ha podido dar. Cada orangután piensa siempre primero en su propio estómago, luego se golpea el pecho varonilmente. Las hembras lo admiran, los derrotados le rinden pleitesía. Cada uno tan contento con su puesto en la pirámide, con tal de que quede un poquito de basura para su estómago, y una bella canción o un relato heroico para que la basura sepa deliciosa…

La felicidad y los otros

Es propio del alma razonable amar a su prójimo. Por lo tanto trata a los demás en general con justicia, y en particular con empatía e indulgencia. Pero no hagas depender tu bienestar interior del contacto con otras personas. Jefes, compañeros de trabajo. Parejas o pretendientes a serlo. Familiares y amigos… Lo que todos ellos hicieron o harán, lo que te dan o te quitan, lo que esperan de ti… Estás a todas horas pendiente de sus exigencias, veredictos o donaciones; ya sea en persona o, ahora, a través de las omnipresentes redes. Una perturbación constante de tu centro que te mantiene dependiente de voluntades ajenas, infantilmente complacido en alguna ocasión, tenso y frustrado la mayoría de las veces.